Te tenía en bandeja de plata, con tu palabra y honor, con todo tu ser. Mucho tiempo pensé, que a lo mejor, me equivoqué. También pensé que mis sentimientos ya estaban en el pasado, lejos del presente, hundidos abajo del pasto del jardín de mis sueños. Al tomar una decisión así, cómo no fui capaz de reflexionar sobre lo que dije, dijiste, dijimos. Cómo no pensé en el futuro que teníamos planeado.
Ahora que recuerdo todo lo vivido, todo lo hablado… entiendo que deje de lado mis deseos de tener una vida contigo. Y hoy salen de mí, haciéndome recordar que te quería tanto pero tanto que jamás hubiera imaginado no tenerte a mi lado. No se trataba de elegir, o sí, pero no. Odio elegir, soy la persona más indecisa que puede haber en el mundo, lo juro!
Perdón, perdón, perdóname. Sé que ni mil perdones sanaran lo que te cause, y que mis palabras hoy no tienen el efecto que antes si hubieran tenido. Así que, quizás te olvide, o por ahí te guarde en el lugarcito ese que tengo en mi cabeza, donde guardo los buenos ratos, vividos con seres que amé y amo. Ese lugarcito que te tiene como favorito, que una y otra vez recorre los recuerdos, dejando que se escapen mis suspiros.
Enmudecí. Había olvidado lo que tus palabras me causaban.


