jueves, 29 de septiembre de 2011

...Mierda...

Te tenía en bandeja de plata, con tu palabra y honor, con todo tu ser. Mucho tiempo pensé, que a lo mejor, me equivoqué. También pensé que mis sentimientos ya estaban en el pasado, lejos del presente, hundidos abajo del pasto del jardín de mis sueños. Al tomar una decisión así, cómo no fui capaz de reflexionar sobre lo que dije, dijiste, dijimos. Cómo no pensé en el futuro que teníamos planeado.

Ahora que recuerdo todo lo vivido, todo lo hablado… entiendo que deje de lado mis deseos de tener una vida contigo. Y hoy salen de mí, haciéndome recordar que te quería tanto pero tanto que jamás hubiera imaginado no tenerte a mi lado. No se trataba de elegir, o sí, pero no. Odio elegir, soy la persona más indecisa que puede haber en el mundo, lo juro!


Perdón, perdón, perdóname. Sé que ni mil perdones sanaran lo que te cause, y que mis palabras hoy no tienen el efecto que antes si hubieran tenido. Así que, quizás te olvide, o por ahí te guarde en el lugarcito ese que tengo en mi cabeza, donde guardo los buenos ratos, vividos con seres que amé y amo. Ese lugarcito que te tiene como favorito, que una y otra vez recorre los recuerdos, dejando que se escapen mis suspiros.



Enmudecí. Había olvidado lo que tus palabras me causaban.

lunes, 26 de septiembre de 2011

...El Fantasma Del Pasado...

Todos los días vivo con los recuerdos de estos 17 años que llevo conmigo. No agradezco lo malo que viví pero cada suceso sé que me marcó de alguna manera para bien o para mal. Hoy creo que fué para bien pero... Juro que de un día a otro, sacarlos afuera, poner una balanza y ver la realidad es horrible y doloroso.
Yo busco mi felicidad, pero cada día es más complicado, cada día lo que busco más lejos está. Es como el juego de la moneda atada, uno tira y otro corre por alcanzar ese tesoro. Mientras que el que tira parece disfrutar de la desesperación del buscardor.
La realidad pega fuerte cuando uno la enfrenta, cuando uno la deja salir de sí. Son como patadas que recibe una pelota o los puños que recibe una bolsa de boxeo, golpes secos que después se hacen notar. Y después viene la catarata de agua que inunde el alma, la deja sin calma y la tira al desierto del Sahara.
Donde vemos o creemos ver la solución llegando y no es más que una ilusión, un abismo que no existe, con un Cristo que no vemos, aguardando una señal, quietos, mudos... estupefactamente estupefactos, sin vida, esperando la salida.